¡VIVA LA PATRIA!
Corría el año 2012, y veía a un señor marchando y protestando
contra el gobierno de turno. Le acercan un micrófono y a viva voz rogaba a
Estados Unidos, por ayuda, sin escatimar promesas de sumisión, intentando
demostrar lo dóciles que eran, ellos los rescatables de este país. No tardó, mi
mente inquieta, en imaginarlo como una señorita que con poca ropa, ofrecía su
cuerpo a cambio de unos pesos, o quizás ni siquiera eso. Aunque para ser
honestos, de no mediar un proxeneta, respetaría más a esa hipotética mujer
ejerciendo su derecho a decidir sobre su
cuerpo. En cambio aquel señor se prostituía con el cuerpo de todos y cada uno
de los que forjamos día a día, la patria.
Me pregunto entonces: ¿qué hace que seamos, lo que somos, y
no podamos despegar como país?
¿Será la sabia naturaleza que te da y quita, en pos de
mantener su equilibrio, haciendo entonces vago al inteligente y esforzado al
menos hábil mentalmente? Dando por sentado que somos habitantes de un rincón
agraciado de este planeta, o ¿será otro el motivo?
Se acerca el 25 de mayo, fecha que nos define profundamente.
De hecho, es la fecha más importante en nuestro calendario patrio y no es sin embargo,
el día de nuestra independencia.
Ese 1810, comenzamos una revolución, pero no nos
animamos a liberarnos del yugo opresor completamente.
¿Se conformaron, nuestros próceres, solo
con formar un gobierno “patrio“ o tal vez, es lo único que pudieron consensuar
en ese momento? Entre los cabecillas revolucionarios primó la decisión de ser
tibios. No hubo guillotinas, ni balas, sino consenso. No es que yo sea partidario
de la violencia, o crea que el consenso sea malo, simplemente que analizando
los hechos en el contexto de la época, noto cierta tibieza. Y por cierto creo
que las soluciones a medias no lo son.
Cada vez que decidimos ir por la franja intermedia, no conformamos
a nadie y es por allí donde mejor se sienten y desplazan los inescrupulosos.
Nos llevó 6 años llegar a la tan mentada independencia y aun
así debieron mediar algunas circunstancias, tales como la caída del Rey de
España y la “corajeada” de un puñadito de patriotas verdaderos, encabezados por
San Martín y Belgrano (¡cuando no!) para agregar el “ y de toda dominación extranjera”.
En aquel 1810, los patriotas se repartían entre los que
pretendían liberarse lisa y llanamente, los pro franceses y los pro británicos,
estos últimos solo ansiaban poder comerciar sin pagar impuestos, era creo, el
mayor de sus impulsos de libertad… …la libertad de mercado.
Vuelvo al presente y con algo de dolor de estómago recuerdo a
nuestro presidente actual, pedirle disculpas al rey de España y suponer lo
apesadumbrado que estarían aquellos próceres, de tener que separarse de España.
Mi conclusión es: no aprendimos nada y ronda mi cabeza, el término “cipayo”.
En este “salpicón” de ideas, en este ir y venir en el tiempo,
quiero volver a el tema violencia. ¿No será acaso, que esa violencia siempre
estuvo presente, pero del otro lado del
mostrador que atiende los intereses de nuestra patria y por eso no la
consideramos como tal? ¿O acaso no asesinaron a Moreno, tempranito en nuestra
historia? Y a Dorrego, y al “Chacho” y a Güemes? ¿O acaso no matamos a todos
nuestros negros en una guerra infame contra un país vecino por orden y a pedido
de Inglaterra? Sí, lo hicimos, con el mismo desparpajo con que le negamos
fondos al ejercito de los Andes, pronto a cumplir una de las gestas más
sobresalientes de la historia, liberarnos junto a media américa.
¿O no matamos a todos los que pensaban diferente en nombre de
nuestra bandera y utilizando las instituciones creadas para defendernos ya en
una época moderna? Porque bombardeamos una plaza llena de civiles, de gente, de
personas, de seres humanos... …para matar a un “tipo” que “apenas” era el
presidente, nuestro presidente. Incluso el presidente de los que pergeñaron la
idea y de la mano de obra barata, disfrazados de servidores de la patria, a
quienes se le encomendó dicha traición.
¿O no asesinamos y torturamos a una generación de jóvenes,
que en su gran mayoría solo había cometido el terrible crimen de pensar
distinto, de tratar de ayudar, de enseñar o luchar por un mundo más justo.
Si, decididamente, violencia no nos faltó, pero fue solapada,
artera y nos han hecho creer y aprender que los asesinos eran los civilizados y
los muertos, los derrotados la barbarie inculta y violenta. Seguramente tenga
que ver con aquello de que la historia la escriben los que ganan, o en nuestro
caso Mitre, que es más o menos lo mismo.
Las épocas cambian, claro, todo se hace más sutil, elaborado.
El palo dio lugar a la espada, esta al fusil. Luego aparecieron las bombas, los
misiles y por último los drones. Con el paso del tiempo la violencia se hizo
menos violenta, pero también más miserable y artera. Siglos atrás un general
comandaba sus tropas, después se empezaron a esconder detrás de un escritorio, y
hoy es un joistick (unión de dos vocablos ingleses que significan alegría y
palo).
Hoy te matan de un modo más limpio, a través de lo que parece
un vídeo juego, desde lejos, eso si antes no te mataron el hambre, las
enfermedades sembradas, los bancos o el glifosato. Todas ellas vaya
coincidencia manipuladas por las clases dominantes de países dominantes. Pero
bueno, como dijo Lagarde, los viejos viven mucho.
Llegar al asesinato en masa, no es agradable, ni siquiera
para los desalmados que manejan nuestras vidas a su antojo. Por ello es que antes de tamaña decisión, existen
otras armas de dominación no letales. La mejor y más elaborada: “los medios de
información”.
Mi abuelo supo lo que sucedió el 17 de octubre de 1945, dos
meses después, viniendo a 350 Kms. de Buenos Aires. Por esos tiempos era fácil mantener
a las masas a raya, o al menos impedir que se expanda la sensación de enojo e
incomodidad. Hoy es imposible pensar en desinformarnos, el bombardearnos con información
basura en las últimas décadas fue el modo, pero ya no sirve tampoco. El surgimiento
de nuevos canales de comunicación como Internet y con ellas las redes ha hecho
que hoy el mecanismo haya mutado nuevamente. Hoy concentran medios, compran
voluntades y nos mienten lisa y llanamente. Las noticias, se inventan, se
reciclan y se repiten hasta que no haya con que contrastarla.
Por supuesto en este mundo globalizado, nuestro país no es la
excepción. Muy por el contrario, los hijos de… , los descendientes y sucesores (mejor
dicho) de aquellos viejos y primigenios cipayos se agolpan ante las embajadas,
pidiendo esas relaciones carnales que los hacen sentir participes de esa élite que vengo mencionando. Pasó en los ’90 y vuelve a pasar hoy.
Hubo en medio una pequeña primavera, como suele suceder entre
invierno e invierno, una década larga donde in grupo de locos subversivos pensó,
(pensamos) que este país podía al fin liberarse de las cadenas…
Ingenuos… Si hasta recortamos alguna vez, nuestro himno
porque era demasiado ofensivo. Ingenuos: “el síndrome de Estocolmo debiera llamarse
síndrome Argentino”.
Ingenuos que pensamos que era posible desendeudarse pagando
una deuda que nunca contrajimos, para liberarnos del FMI.
Ingenuos que pensamos que podíamos desarrollar una política
nuclear –aunque sea para uso civil–.
Ingenuos pensadores y soñadores de satélites argentinos.
Ingenuos, si cada vez que alguno o algunos levantaron la
cabeza tratando de despegarla del suelo, alguien se da cuenta y nos pusieron el
pie nuevamente encima (si no me creen pregúntenle a Churchill).
Pero no es Churchill el
que me enoja, ni los americanos menos americanos de América, aunque el nombre
esté reservado para ellos y por ellos mismos. ¡No! Me enojan los compatriotas
que olvidan. Los hijos de europeos escapados de la guerra, del hambre, que con
no pocos sacrificios se asentaron y ayudaron a construir este país y hoy se ven
más rubiecitos y miran con asco a los más
morochos, y se olvidan que sus abuelos eran los negritos de otros más rubios
que ellos.
Mi abuelo, el otro, cada dos o tres años debía abandonar su
campo arrendado, dejando atrás gallinas, huerta, mejoras hechas, etc… hasta que
“un tipo” el mismo que sacamos a los bombazos repartió un poco mejor la tierra,
algunos de sus descendientes, hoy odian todo lo que rememore a aquel que les dio
la tierra que hoy trabajan. Ese odio les fue enseñado, esa enseñanza tuvo y
tiene más fuerza, muchas veces, que lo que tu propio padre puede transmitirte.
Tengo en mi sangre un 75% de genes italianos. El otro 25
parece español, desciendo (lamentablemente) del último Virrey, aquel que se
escapó son todo el oro que pudo, dejando tanto en el camino que su apellido
llegó a mí perdiendo la “s” final. Sin embargo cuando miro la foto de mi tatarabuela
veo una mujer quechua, con unos ojos celestes imponentes, que desentonan, la
recuerdo sin haberla conocido, gracias a esa foto amarillenta de bordes con
piquitos y muy pequeña, fumando un chala en medio de un patio de tierra.
Esto me hace pensar cuanto de africano tendré en mis venas. Si
no habrá por allí algún gen oriental. ¿Cuán “contaminada estará esa sangre
europea…? ¿Acaso no somos todos iguales? Y también me hace pensar quienes
echaban a su antojo a mi abuelo gringo de cada campo. ¿A quién pertenecían esas
tierras? Y ¿desde cuándo? Y ¿Cómo la obtuvieron?
Entonces entiendo, porque en el billete de 100 mangos estaba
Roca (otra vez los militares al servicio de cualquiera menos de la patria) y
porque a San Martín le toco el de 5 guitas…
Pero lo peor es que ahí no termina la cosa, hoy por hoy es
parte del modelo necesario –y esto viene de décadas– que ni siquiera recordemos a Roca, ya no es
necesario que lo amemos obligadamente, aunque cualquiera que tuviera a mano la
posibilidad de leer y saber, probablemente lo detestaría…
¡NO! Hoy hace falta más que eso, hoy es necesario que no lo
conozcas, que no sepas, que no quieras saber, que en el billete aparezca una
ballena patas para arriba. Que nuestros modelos sean cuerpos sin cerebros, ni
escrúpulos, “mejorados” hasta tener una apariencia antinatural. Hoy ya no
alcanza con someterte. Hoy es necesario que
pidas por favor a tu opresor que te haga la gracia de joderte cada día un
poquito más, como el señor del vídeo de 2012. Porque te enseñaron a desear la
zanahoria, pero ya no hay zanahorias para todos.
No sé qué decirte compatriota, lo único que se me ocurre en
esta semana de mayo, a pesar de todo es:
¡VIVA LA PATRIA!
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